miércoles, 2 de marzo de 2011

No mires al costado

Algún domingo por la madrugada, en cierta zona del conurbano...

1:25 a.m. Él ingresó al bar, aún no superpoblado de jóvenes como él, al menos en cuanto a la edad. Apenas entró se dirigió a la barra. Se sentó por allí y llamó al bartender. "Una cerveza, por favor". Pagó los veintipico de pesos por la misma y empezó a beberla, mientras que al mismo tiempo miraba a todo y a todos a su alrededor.
1:45 a.m. Él seguía bebiendo de a sorbos su cerveza, sin compartirla con nadie. Al mismo tiempo seguía observando y escuchando la música del lugar, utilizando tres sentidos a la vez. Pintaba aburrida la cosa, pero era temprano, afortunadamente.
2:10 a.m. El litro de cerveza ya ha sido consumido. Mucha más gente entra al local, entre los cuales se destaca ella. "Por fin! yo sabía que ella iba a estar", pensaba él, entusiasmado. Hace cinco meses que no la veía, aunque se hablaran por MSN todas las semanas.
2:14 a.m. Ella se acercó por la zona de la barra. Estaba más linda que nunca, con una remerita tipo musculosa, una falda y zapatillas. Apenas maquillada y con el pelo bien peinado. Él le tocó el hombro para que advirtiera su presencia. Ella lo notó. El abrazo entre ambos fue muy efusivo.

-¿Qué hacés, pendejo? ¡Que sorpresa! No me dijiste que venías hoy...
- Justamente te quería dar una sorpresa.- Respondió él, que no podía disimular su alegría por verla.
- Jaja! ¡Que divino! Bancame que voy al baño y vengo, ¿dale?
- Ok, nena. Te espero...

2:22 a.m. Ella regresó del baño y se sentó al lado de él, quien pidió otra cerveza de litro, esta vez para compartir. Ambos se pusieron a charlar un buen rato ahí, mientras bebían. Hablaron de todo un poco: la facultad, el trabajo, los amigos en común entre ellos... En tanto, él sentía que esa noche era la oportunidad. "Ahora o nunca". ¿Hace falta aclarar que estaba loco por ella?
3:21 a.m. Luego de un buen tiempo de charla adornado por un par de tragos sobre la barra, ella se levantó de su silla.

- Pendejo, en un rato vuelvo...

3.48 a.m. Hacía casi media hora que ella se había parado y no había regresado a la barra del bar. Él en un principio se preocupó por la tardanza, pero luego empezó a sentir una especie de escalofrío. Ya no estaba preocupado por la integridad física de su amiga, sino por otra razón. Decidió dar una vuelta por el lugar a ver qué onda.
4:06 a.m: El temor de él se hizo realidad: caminando por el bar, porrón en mano, vio como su "ilusión" estaba abrazada con otro flaco; éste de buen porte, rubio y de ojos claros. Él intentó pasar por al lado de manera muy disimulada. Ella se percató de su presencia, pero no se inmutó al verlo. Más bien, todo lo contrario...

- Pendejo! disculpame que no volví para allá, pero me encontré con "Baby", un amigo...
- Ah... Si... Que hacés... ¿Todo bién, che? - Le dijo él a ese tal "Baby".
- Todo bien, flaco. - respondió "Baby", así todo canchero él. - Así que sos amigo de ella...
- Si, si. Hace un montón que nos conocemos, somos muy amigos... eh... Voy a dar una vuelta por ahí, después nos vemos...

4:45 a.m. Él ya no estaba sentado en la barra: su lugar lo había ocupado otra gente. El bar estaba repleto, por lo cual él tuvo que quedarse parado, a un par de metros al costado de ella y de Baby, quienes seguían abrazados y besándose y riendo ocasionalmente. "Boludo... no mires al costado, no mires al costado", pensaba él, amargado y un tanto desilucionado por la situación. Ella, a pesar de la amistad, nunca le había dado "bola" a él; prefería otro tipo de compañías en cuanto al "amor". Siempre fue así, y esa madrugada de domingo no hubo excepciones...
5:20 a.m. Todo siguió igual. Evidentemente ya no había nada más que hacer allí. Aprovechó que ese Baby la había dejado sola por un momento y se dirigió a ella, simplemente para saludarla.

- Ay... ¿Ya te vas, pendejo? Es re temprano. ¿No te quedás un toque más?
- Me tengo que ir, nena... Mañana tengo que ir a Capital a las 11. - Respondió él, inventando la primera excusa que se le vino a la mente.
- Ok... Después hablamos para arreglar para otra salida, eh! Dale que no nos vemos nunca...
- Bueno, dale... después hablamos por MSN... chau, nena.

5:57 a.m. Él volvió a su casa. Entró a su cuarto, apoyó la cabeza contra la almohada y, aunque ya no quería, se puso a pensar en ella. Quién sabe que estaría haciendo esa chica en ese momento, aunque no era muy difícil de imaginar. Intentó cerrar sus ojos, para no mirar más por unas horas, ni hacia el costado, como en el bar, ni hacia el techo de su habitación. Ya no quiso pensar más en nada, sólo quería dormir y olvidar por un rato.