domingo, 31 de octubre de 2010

El boliche y yo

Ayer sábado (en realidad ya era domingo por la madrugada) fui con unos amigos a un boliche (o disco, o night club, como prefieran llamarlo) ubicado en pleno Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Bueno, es algo que realizo con frecuencia, al igual que una gran cantidad de jóvenes (y no tanto) en Argentina y en casi todo el mundo. ¿Entonces qué tiene de llamativo hablar de esto? Simplemente quiero exponer mi visión de la vida nocturna en dicho entorno, que no es idéntico en relación a otros ámbitos nocturnos tales como festivales de rock o "festipunks", los cuales frecuento en mayor medida. Sinceramente me siento más cómodo en un recital de alguna banda que en algún boliche. Pero sobre gustos no hay nada escrito. O no había...
Los boliches tienen similitudes y diferencias entre sí. Hay para todos los gustos, aunque comparten muchas cosas en común: en primer lugar, la venta y consumo de alcohol, o "escabio". Compañero indebido pero necesario para mi. Infaltable en el boliche (salvo para los abstemios). Cuanto más bebida compre y consuma, mayor deshinibición, más posibilidades de "levante", más chances de "romperla" en la disco; Aunque tambíén, más dinero gastado que bien podría servir para algo más útil que "ponerse en pedo", la chance latente del descontrol y del "bardeo" (es decir armar lío innecesariamente), y desde luego el riesgo de los síntomas generados por el consumo excesivo de bebidas alcohólicas. En mi caso, sería una especie de ¿escape? temporal a cierta timidez o introspección personal cuya causa no sabría mencionar ahora.
Por supuesto que hay gente. Mucha. Centenares de personas van al boliche a pasarla bien. Puede ser positivo, pero a veces hay demasiada gente en relación a la capacidad real del lugar, y es feo porque uno quiere bailar y resulta que no puede, o le cuesta porque está atestado de jóvenes en el mismo sitio en donde estás parado, y así no te queda otra que quedarte quieto, hasta inmóvil, viendo como "no podés bailar" en un local bailable. Me ha pasado en muchos lugares y posiblemente sea lo que menos me gusta de un boliche. Por suerte ayer no fue así, aunque nunca falta quien quiere pasar por donde estás parado (molesta, la verdad), y siempre hay que empujar un poco al otro para poder pasar (es prácticamente inevitable).
Entre la gente están desde ya las chicas, o minas, de las cuales sobresalen las de buen físico y cara bonita y/o las que bailan sensualmente. En lo personal, invitan al voyeurismo, a la mirada constante, al deseo (sexual principalmente). "¡Qué linda chica!", ,"Que buen culo...", "Que bien baila 'El Meneaito'", "Que ganas de llevármela a un telo...", pienso a veces. Pero no pasa nada... ¿Será por ser demasiado tímido? ¿Acaso es por un respeto excesivo hacia la mujer de mi parte, a tal punto que eso sea el motivo principal de mi inhibición? ¿O quizás sea un concepto personal de que "no voy a encontrar a la mujer de mi vida" en un ambiente de este tipo? ¿O quizás yo sea "homosexual reprimido"? Bueno, no creo que sea por eso: Me encantan las mujeres. Son lo mejor y lo más lindo que hay en este hermoso pero condenado mundo, aunque haya quienes digan lo contrario, y no estoy para nada de acuerdo con ellos...
Así como hay chicas, hay también chicos que componen la velada. Los hay de todo tipo. Por ejemplo, los que se levantan de a tres minas o más por noche; para quienes no haber "transado" equivale a fracaso, a una "mala noche". Nunca faltan los que a las seis de la mañana siguen insistiendo a ver que onda, si "ganan". Hay quienes también no tienen tanta facha, aún así "ganan", logran alguna que otra conquista, y si no lo consiguen de todas formas la pasan bien. Y hay otros que por ahí están (o estamos) con una cerveza o un trago en la mano, miran a su alrededor para ver el "espectáculo", observan con detenimiento a las chicas lindas (la belleza desde ya es subjetiva en este caso), bailan algún que otro tema y ya, independientemente de estar con amigos o no. No van de levante: no porque no quieran, sino porque no se animan por x causa.
No puede faltar la música. Indispensable. Reggaeton (ese estilo centroamericano e insular caribeño tan de moda), música electrónica y cumbia copan la parada hoy en día. Salsa, algo de rock y pop latino pueden complementar perfecto. ¿Qué me parece? Que un poquito de cada estilo está bien, si es variado, mejor. No me gustan los lugares en donde te pasan sólo un estilo de música toda la noche. Es monótono. Me aburre. No fue el caso de ayer por suerte, porque la música diez puntos.
¿Qué tanto hago yo en un boliche? Bueno: Una vez entrado al lugar, aparece la necesidad imperiosa de tomar algo, de ir hasta la barra a sacar la clásica consumición obtenida junto con la entrada abonada en puerta. Un par de sorbos a la bebida de turno, familiarizarse con el clima del lugar, observar a las muchachas e intentar entrar en estado de euforia y/o de trance. Luego, sumarse al ritual del baile y/o del "chamuyo" a las chicas (generalmente me sumo al primero); seguir mirando, observando el entorno, mientras sigo bailando y/o bebiendo. Ya acercándose la hora de cierre del local (usualmente hacia las seis o siete de la mañana), sentir como la euforia disminuye, al mismo tiempo que aumentan el desgano y el cansancio, hasta llegar a veces a un estado de apatía personal generalizada. Tal vez producto del efecto depresor del alcohol, tal vez por la frustación de ver como algunos "ganan" y uno no, aunque dicha frustración la tomo más por ver que "mi princesa no estaba allí después de todo". En fin, las ganas de irse a casa y abrazar fuertemente la almohada de la cama también aumentan, y terminan triunfando, mientras muchos otros siguen "a full": bailando, tomando, "chapando", etcétera. Entonces, ¿por qué mierda voy a un boliche, si al final de cuentas me voy a sentir así? Simplemente porque rescato más los momentos vividos con mis amigos, con quienes compartí ayer la salida, bailé de todo, tomé algo (por no decir bastante), me divertí. Al fin y al cabo el boliche me gustó y la pasé bien. Y tal vez no fue o no sea así en alguna otra ocasión. Pero me gusta ir a bailar; lo que sí cada tanto, así no se vuelve monótono para mi.
El que quiera ir a un boliche conmigo la próxima me avisa, ¿ok? Y si abusé de las comillas en este texto, también "avísenme"...

lunes, 25 de octubre de 2010

Domingos

Hoy es lunes. Por ende, ayer fue Domingo. Obvio, ¿no? Jaja! Bueno, tengo ganas de hablar de los domingos, y perdón si repito en demasía la palabra "domingo" o "domingos", pero no conozco algún sinónimo de domingo/s (tal vez "día del Señor", o bien, podría referirme a este día en otros idiomas: "Sunday", "Dimanche", "Domenica", "Pazar", "Niedziela", etcétera, etcétera... pero ni da, no se).
Muchas veces creo que los domingos son días de mierda: aburridos, soporíferos, insoportables quizás. Otras, creo que son peores que cualquier otro día de la semana (y eso es mucho decir). ¿Por qué? Por varias razones a exponer:

  1. Un sábado cualquiera, uno se va de joda (a bailar, a algún recital, a la casa de algún amigo -haya fiesta o no-) y se excede con el alcohol (puede pasar), por ejemplo. ¡Que feo lidiar un domingo con el dolor de cabeza, producto de la resaca! Mucho más si uno no se puede dormir para compensar la falta de sueño (ahondar en las veces en la que esto me ha sucedido sería extenderme muchísimo, ya que me ha pasado decenas de veces!)
  2. Por el contrario, si uno no se fue de parranda el sábado anterior, y se quedó en casa (ya sea porque le agarró el "bajón", o se tuvo que quedar en el hogar por x motivo), puede aparecer el remordimiento de no haber aprovechado el sábado por la noche, lo cual quizás se hace extensivo a todo el finde (a menos que uno haya salido un viernes y la haya pasado de diez, claro);
  3. En relación al punto anterior, el domingo es el último día libre antes del lunes en el cual uno vuelve a la rutina (trabajo, estudio, salir a buscar empleo si uno está desocupado). ¿Quién no se bajoneó un domingo a las seis de la tarde pensando en que "mañana otra vez lo mismo"? Estudiar un domingo a la tarde, por ejemplo, es horrible. A mí nunca me gustó, y no se bien a quién le puede gustar (sin embargo está bueno hacerlo). Y qué decir entonces de los que trabajan los domingos, incluso; aunque en ese sentido no me explayaré ya que nunca en mi vida trabajé un domingo (bah, creo que una vez, pero fue bastante "light");
  4. Esta para los futboleros que sienten la camiseta: un día domingo generalmente se juega un "clásico" (bueno, ahora ya no siempre en domingo), o en ocasiones un partido de fútbol por la definición de algún campeonato local. O sea, tener alrededor de dos horas los nervios típicos del partido deseando que tu equipo gane. Desde ya que si tu cuadro perdió, bueno, peor aún, ¿no? 
Podría exponer más razones acerca de por qué el domingo no me gusta, pero desde ya que sé que este día puede llegar a ser bueno en ocasiones (siempre y cuando uno no tenga que trabajar o estudiar, claro). Los domingos antes de un lunes feriado, por ejemplo, son muy lindos: ¡Parecen sábados! (obviamente que el día siguiente va a ser medio bajón, pero es lógico). Sin embargo, un domingo común y corriente puede ser divertido, alegre, sin tantos bajones. Por ejemplo, que copado que es ir a la casa de un amigo a tomar mate y de paso charlar (la placita del barrio es otra alternativa), o bien salir a andar en bici (yo no lo hago por miedo a que me la roben...), o ir a ensayar con tu banda de rock (yo tengo una y lo recomiendo, aunque prefiera ensayar los sábados...), o bien ir a algún recital (si es cerca de casa mejor), o ir al cine a ver una película (otra variante es alquilar un DVD y verla en casa), o simplemente salir a caminar y de paso tomarse un helado. Por ahí otras personas prefieren ir a la cancha si es que juega su equipo (a alentar a su club, o en el peor de los casos a tirarle agua con pintura o bolas de fraile al rival -QUE ESTUPIDEZ, POR DIOS-), o ir a alguna estancia o quintita alejada de la ciudad. También hay quienes duermen todo el domingo y adoran tal día por ello, por la chance concreta de dormir más que en cualquier otro día de la semana (aunque se les pase volando y después se les "aparezca" el lunes).
En fin, los domingos pueden ser días de mierda, pero al mismo tiempo pueden no serlo tanto, o directamente no serlo. Depende de cada uno. No se que les parece a ustedes el domingo pero a mi me siguen sin gustar. A lo mejor, después de haber redactado esto, me empiecen a resultar agradables...

PD: perdón por repetir tanto la palabra "domingo" o "domingos". Detesto usar una misma palabra una y otra vez pero creo que no me quedó otra...

domingo, 24 de octubre de 2010

Moneda corriente

Es domingo a la mañana, diez y media pasaditas al momento de empezar a escribir esto. Ayer no salí a la noche. Quería hacerlo, no pude. Cuesta mucho ser un joven que vive en una casa donde ocasionalmente hay situaciones que le impiden vivir la vida como uno desea. Tal vez esté exagerando. Quizás sea más común de lo que parece. Personalmente no me parece normal. Pero lamentablemente, vivimos en un planeta en el cual las discusiones subidas de tono, las peleas, las diferencias, la intolerancia, la discriminación, y tantos otros males se han vuelto "moneda corriente".
¿Tan mal estamos? ¿Tan bajo hemos caído? ¿Tan poco nos importa el otro que pensamos única y exclusivamente en uno mismo? Hoy la mayoría de la gente ha enarbolado la bandera del individualismo, del "que se mate", del "qué carajo me importa el otro", y tan es así que los cruces, los enfrentamientos, las peleas acaparan los medios, la vida cotidiana, los ámbitos de trabajo, todo. Sinceramente espero estar equivocado, por favor, alguien que me diga que estoy errado. Pero me rehuso a pensar que no podemos como seres humanos vivir la vida con libertad, pero respetando las libertades del prójimo, y siempre y cuando éstos respeten las de uno. Parece utópico, ¿no?
Bueno, la cuestión es que se me cagó el sábado, y espero no tener tampoco un domingo de mierda.

PD: Me gustaría escribir en inglés el mismo artículo que publico en español, pero no se si tener la capacidad de hacerlo... // I would like to write in english te same text that I publish in spanish, but I don't know if I have the capacity for doing it...

martes, 19 de octubre de 2010

Viajar

Buenas!
Hace unos minutos estaba conectado en el cada vez menos interesante Facebook (bueno, en realidad al momento de escribir esta entrada también lo estoy), y chusmeando los perfiles de varios contactos veo las fotos que suben de sus viajes por distintos lugares del mundo. Que envidia, ¿no es cierto? Pero una sana envidia. En serio. Me resulta muy bueno que la gente que uno conoce (algunos más, otros menos... bueno, Facebook tiene esas cosas, pero eso ya es otro tema del cual me gustaría hablar más adelante si da) transite por otros países y/o regiones, y por ende, vea y conozca otras culturas, otras formas de expresión. En particular, ellos están haciendo lo que a mi más que nada me interesa en la vida: Viajar y conocer.
En lo personal, hace mucho que no viajo a más de 300 kilómetros fuera de la Ciudad de Buenos Aires y los alrededores (en los cuales vivo y en los que se desarrolla mi vida cuasi rutinaria). La última vez que lo hice, fue, como tantas veces de pibe, a la ciudad balnearia de Mar del Plata, en agosto de 2008, más que nada por motivos académicos, y de paso fui a ver a mi familia por parte de Mamá. Por suerte no fue el único lugar fuera del GBA que visité en mi vida (y no es nada en contra de MDQ, eh! Simplemente me alegro de haber ido a otros destinos dentro y fuera de la Argentina). Más que nada gracias a mis viejos, con quienes comparto el gusto por el turismo, he tenido la suerte y oportunidad de estar en: Brasil (Florianópolis y Río de Janeiro), Chile, Uruguay (he recorrido casi todo el país), la ciudad de Encarnación en Paraguay, México (el DF, Acapulco, Cancún, las ruinas mayas de Chichén Itza, etcétera), Estados Unidos (en realidad Florida: visité el Disney World de Orlando y Miami), Italia (la inolvidable y maravillosa Roma y las fantásticas ruinas de Pompeya) y Grecia (especialmente la antigua pero hermosa Atenas). Ni que hablar lo que he recorrido a lo largo de Argentina: desde el NOA hasta Bariloche, y desde Mendoza hasta las espectaculares Cataratas del Iguazú, entre otros tantos sitios. Me quedan miles de lugares por conocer tanto en el país como en el exterior; por caso, mi sueño es en este momento viajar a Estambul, Turquía, como hasta hace unos cuantos años era hacer un viaje largo, muy largo: visitar y recorrer Japón, nada menos. Desafortunadamente, la falta de un sueldo fijo propio bueno está postergando mis posibilidades de viajar, a pesar de haberme convertido en Licenciado en Turismo hace poco más de un año. Irónico, ¿no? Bah, creo que no... Son circunstancias de la vida cotidiana, ¿cierto?
En fin, viajar para mi es una de las cosas más maravillosas que me pueden llegar a pasar. A otras personas tal vez no les interesa; está bién, tienen otras prioridades, otros hobbies, o prefieren pasar el tiempo libre e invertir el dinero que ganan de otra manera. Cuestión de gustos, sí. Pero pocas cosas deben ser tan emocionantes como ir a algún destino, visitar uno o varios atractivos turísticos en el lugar, probar comida típica (más allá de que al final termine cenando una pizza en algún barcito y lo que más me guste del lugar es la bebida típica con x por ciento de alcohol...), intentar comunicarse y relacionarse con los residentes y/o con otros turistas (¿no es buenísimo aprender un idioma distinto y después decirle a tus amigos cómo se dice tal palabra en tal idioma?), y quién te dice, tal vez encontrar al amor de tu vida (No necesariamente tiene que estar en tu país de origen; ¡puede estar en cualquier parte de este mundo azul y verde!). Por eso quiero que mi vida sea viajar, y conocer lo mejor posible la Tierra y todas las manifestaciones culturales efectuadas por el Ser Humano en su historia y en la actualidad.
Por hoy es todo... Saludos!

Yo también quiero un blog!

Don Bosco, 19 de octubre de 2010

Todo el mundo tiene un blog. Bah, casi todo el mundo. Ahora cualquier pelotudo puede tenerlo, como dijera alguna vez el Feinmann no fascista (?). ¿Qué tiene de bueno tener un blog? ¿Acaso la posibilidad de hacerse famoso (al menos en el ciber-espacio) gracias al potencial reconocimiento de cierta cantidad de gente que puede (o no) estar de acuerdo con las ideas de uno? ¿O simplemente sacar a la luz el pensamiento de quien lo redacta y publica? Ya sea para comentar el quehacer del día, expresar sentimientos personales mediante una especie de "desahogo literario-blogeril" o simplemente emitir una simple opinión sobre alguna circunstancia de la vida cotidiana, la idea de realizar un blog propio es atractiva, amén de que pueda resultar en un absurdo más adelante. En todo caso, lo tomo como una prueba, para saber qué tan lejos puedo llegar.
En fin. Mi nombre es Fernando, tengo 24 años (casi 25) y vivo en un barrio residencial de una importante ciudad de la zona sur del conurbano bonaerense: Quilmes (sí, la ciudad de la cerveza que "se vendió a los brasileños", y que a pesar de ello no es tan rica como antes -en lo personal me sigue gustando bastante-). Y bueno, ayer se me ocurrió la posibilidad de tener un blog, simplemente para escribir y poder expresarme. A ver qué onda entonces...